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DANACANADAS |
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July 13 ENROQUETe escondiste detrás de la torre intentando eludir un jaque mate inevitable. Desde las almenas, una morenaza de ojos verdes, en un sencillo aleteo de pestañas te lanzó una madeja de sueños al rescate. Tú le prometiste la luna y ella te troqueló el corazón en un trueque inesperado, haciendo pedacitos de colores con tus promesas y dibujando besos en la cara oculta de la luna. Tu reina avanzaba, tirandose a su paso a peones, alfiles, caballos – a estos últimos más bien los tumbaba - e incluso alguna dama despistada que confundió las blancas e inmaculadas losas con el camino hacia su purgatorio. A ella todo le daba igual con tal de arrasar hasta llegar a ti dejando un rastro que oliera a victoria anunciada. La torre cayó, arrollándolo todo a su paso y, con tanta fortuna en la jugada que aplastó a la reina mientras rodaba sobre el tablero, a un lado y al otro, rifi-rafe, roza que te roza, frus-frus. Pero a ti no te importaba, claro, enfrascado como estabas en el revolcón apoteósico del vaivén de la vida, que carajo te iba a importar lo que sucediera bajo aquella torre, enrocado y bien enroscado (tú y la morenaza) como estabas. Quisiste dejarlo en tablas y tu reina, más puesta que muerta, intentó un mal paso de baile que le dejó la cadera rota y una cojera de por vida. June 14 TE AMÉ
Te amé cuando era fácil cuando te tendía entre guirnaldas de amapolas y enredaba mis dedos en tu pelo para embriagarme de tu olor a todas horas.
Te amé cuando era secreto cuando las palabras no inundaban nuestro silencio cuando tus labios sellados llenaban mis gestos y tus manos bastaban para decirme esto.
Te amé cuando era difícil y tus ojos negaban a tu boca cuando la distancia era nuestra arma y los recuerdos se alejaban en el tiempo.
Te amé cuando era bonito cuando nos sentábamos en un banco de piedra cuando las horas resbalaban como muertas cuando nuestras miradas se unían en el horizonte.
Te amé cuando era tormenta y entre besos estallaba la tempestad cuando los cuerpos se negaban al alba cuando ya no nos quedaban pedazos de alma.
Te amé cuando era sencillo decirte cosas bonitas al oído contarte historias sin sentido recordarte que era el olvido.
Te amé cuando era una herida cuando no había forma de cruzar la frontera cuando cada paso me acercaba más a la tormenta cuando el negro y el gris eran mi bandera.
Te amé cuando era hermoso cuando el agua se reflejaba en nuestras miradas cuando nuestras manos conocían nuestras almas cuando nuestros besos encontraban su camino.
Te amé cuando era distancia cuando eras ausencia y eras olvido cuando eras un completo desconocido aún cuando no habíamos existido.
Te amé cuando era cálido cuando no necesitábamos llenarnos de palabras cuando no podíamos parar de devorarlas cuando era tan importante no borrarlas.
Te amé como te amo te amo como te amaré. May 31 SI NO EXISTIESESSi no existieses te inventaría de nuevo, con la misma ternura con la que entraste en mi vida, suave y sereno, dulce, tibio y etéreo, con el mismo calor que me inundaste un día.
Si no me amases, te soñaría entero, para adorarte e idolatrarte como hoy te tengo, Si no me encontrases, atravesaría el infierno, hasta tenerte entre mi cuerpo como te sueño.
Si no te hallase al final de mi sendero encontraría la manera de trazarlo de nuevo de arrancar las piedras que hay en el lindero hasta hacerte brotar como salvia y veneno.
Si al nacer el nuevo día no estuvieses en mi lecho fraguaría en el sol hiriente tu cuerpo a fuego concebiría la forma de cada recoveco de tu pecho para enredar en él las horas que sin ti han muerto.
Si en las noches de mis días no florecieses imaginaría la manera de volver a tenerte encontrando en cada hoja marchita e inerte la sonrisa de tus ojos y tus besos aun latentes.
Si en el lento vaivén de las olas de mi tiempo no aparecieses para arrancarme de mi destierro descubriría en la marea esa luna y ese viento que traerían a buen seguro tu velero a mi puerto.
Si entre las palabras que se escapan de mi boca no se escondiese en cada una de ellas tu nombre apesadumbrada pensaría que es peor que estar loca sino forjar con todas ellas de arcilla a un hombre.
Si no existieses te inventaría de nuevo te imaginaria tal como hoy te siento descubriendo en cada pensamiento como es amarte y tenerte al tiempo.
May 22 TIERRA HÚMEDAMis manos olían a tierra Me dolía la cabeza, sentía una terrible jaqueca latiendo en mis sienes. De pronto un flash cruzó como un fogonazo por mi cabeza, así como si viera un gato pasar raudo por el rabillo del ojo. El jardín. Ayer tarde Adrian y yo estuvimos trabajando en el jardín. Las imágenes iban volviendo a mi cabeza de forma lenta y pausada, algo ofuscadas. Habíamos plantado los bulbos para los tulipanes... sí, ahora lo recordaba, habíamos hecho círculos concéntricos de tulipanes de un azul intenso y luego amarillos... también habíamos removido la tierra de las gardenias, les habíamos puesto algo de detritus vitamínico. Que agradable ha ¿Se había quedado a cenar? Seguro. Por la terrible presión a la que estaba sometido todo mi lóbulo occipital... probablemente abrimos una botella de vino Priorato... Dios, apenas recordaba nada del día anterior, me sentía mareada aún, con nauseas y un molesto dolor palpitando de forma persistente en mi cabeza. Me acerque a la pica a lavarme las manos, retiraría los restos de tierra y me prepararía un café bien cargado... tal vez consiguiera hacer desaparecer esa migraña. ¿Me volvería a llamar Adrian? Ultimamente no había tenido mucho éxito con mis citas... en cuanto la relación avanzaba y se tornaba algo más intima, los hombres desaparecían de mi vida. Lo hacía No, no podía ser... es cierto que no recordaba la noche anterior, pero era del todo imposible que hubiésemos cenado carne. Adrian no soportaba la carne roja y mucho menos picada... era casi vegetariano. Pero entonces... ¿Qué hacían ahí esos sanguinolentos restos?¿Era Adrian o Victor el vegetariano? Ay Dios, había tenido tantas relaciones de forma tan breve y continuada en un espacio de tiempo tan corto que me sentía confundida... y la cabeza no paraba de voltearme y estaba angustiada, el olor de la carne estaba haciendo subir las nauseas al borde de mi garganta. Seguro que Victor, aquel chico tan mono que conocí en el invernadero de Marcus City era el vegetariano... aquel que desapareció después de un mes, justo cuando habíamos decidido empezar un negocio juntos, el día antes habíamos dado paga y señal para el alquiler de un local. Pensábamos montar una herboristería. Con las llaves en la mano celebramos una cena romántica para inaugurar nuestro nuevo proyecto. Esa fue la última vez que le vi. Nunca más se supo de Victor ni de ese proyecto en común. El día siguiente amanecí compuesta, con un local pagado durante un mes y Victor desaparecido de la faz de la tierra. Poco a poco las imágenes pasaban por mi cabeza, de forma intermitente, breve y rápida, un revival de negativos e instantáneas. Me veía hundiendo las manos en una masa de carne roja y llevándome los dedos a la boca, chupando los restos de las yemas de forma aviesa y ávida. Lueg Decidí darme una ducha, a ver si conseguía despejarme y sacudir la nube que rondaba en mi cerebro, que no me dejaba pensar con claridad y enturbiaba mis recuerdos recientes. Seguro que el agua caliente conseguía despistar esa pesadez. Al contemplar el agua descender y arremolinarse en mis pies, antes de desaparecer por el desagüe me asuste al comprobar un rastro rojo. ¿Sangre? No podía ser el periodo. Empecé a observar detenidamente mi cuerpo, magreando y volteando la carne hasta que localice un par de heridas en el muslo derecho. ¿Cuándo me había arañado? Trate de no darle importancia. Era demasiada información rondando en mi cabeza y un aguijón pinchaba en algún punto recóndito de mi memoria, pugnado por salir… debía dejarlo aflorar por si solo, lo sabía. El resto no era importante. Probablemente me arañe cuando estuve en el jardín… seguro. Pero eran demasiadas imágenes flagelando mi cerebro y una idea loca y absurda que iba cobrando forma, arremolinándose alrededor de mi cabeza. Las imágenes revividas, una detrás de otra, dejaban poco lugar a la imaginación. Contemple una vez más mis manos, limpias e impolutas, blancas tras la ducha. Pero era imposible. Improbable. No me resultaba factible por mucho q Una angustia mucho más fuerte que la provocada por el dolor de cabeza iba subiendo a mi garganta. Una pesadez atenazaba mi estomago, encogido, revuelto y pequeño dentro de mi cuerpo. Notaba el sabor de la sangre en la boca. Eran mis labios que mordisqueaba de forma nerviosa. Tenía que comprobarlo. Todo. Antes de morirme de rabia, de ira, de impotencia y asco por mi misma. Con furia baje las escaleras y como una posesa salí al jardín y empecé a escarbar, removiendo la tierra, sacando las raíces de todas las plantas, hundiendo los brazos en el suelo hasta el hombro y palpando todo lo que la movilidad me permitía. Cuatro horas después mi jardín parecía un autentico campo de batalla, los bulbos de mis tulipanes yacían desperdigados y sin v ¿Y ahora? Más fría, con los músculos reventados y esa relajación que otorga el cansancio reflexioné. ¿Estaba tonta? No era normal lo que había hecho. ¿Cómo se me podía haber pasado por la cabeza que yo había matado a Adrian con mis propias manos? ¿Y Victor? ¿Y al resto de hombres que habían pasado por mi vida para desaparecer después? Era totalmente absurdo, además de irreal, paranoico, inadmisible y totalmente desatinado. Además, más pronto o más tarde la policía hubiera intentado averiguar algo, o ponerse en contacto conmigo. ¿Y entonces? ¿Qué sentido tenían las imágenes que no conseguía organizar? ¿Por qué no recordaba los detalles de las últimas noches que pasé con esas personas? Tenía hambre. Era la hora de comer, me había pegado una buena tunda de hacer ejercicio y además ese inoportuno e insidioso malestar en mi cabeza no había cejado de tamborilear aún. Me dirigí a la c Mientras devoraba en dos mordiscos ese pedazo de pan que me sabía a gloria sonó el teléfono. Era Nicolás. Otra vez. Con la misma pregunta de siempre. De todos las relaciones que he tenido Nicolás era la única que perduraba a través del tiempo y que, de forma casi mecánica, me llamaba a menudo para intentar volver conmigo. Y eso que este no se había borrado del mapa aunque yo hubiera deseado que sí desapareciera de la faz de la tierra, por impresentable, vil, maleante y un largo etcétera de adjetivos nada recomendables… Mientras le repetía por enésima vez la misma retahíla de excusas una idea paso fugaz por mi cabeza. Qué casualidad que Nicolás siempre me llamará cuando mis otras relaciones habían desaparecido ¿Era casualidad o no? April 25 COMO ESTAR EN CASA II
Su cadáver apareció al cabo de un par de semanas. Lo encontraron en la cuneta del vertedero. No parecía ella. Llevaba un vestido blanco, apenas un camisón y su hermoso rostro estaba desfigurado, no sólo por el tiempo que llevaba muerta sino, al parecer, porque recibió unos cuantos puñetazos antes de que le rebanaran la garganta. Seguro que el tipo que lo hizo lleva la cara marcada con sus uñas. Eso fue lo que nos contó Costello, un detective alcohólico y taciturno que frecuentaba el garito y que conocía a Ámbar. Se llamaba Lola... pero para mí siempre sería Ámbar, la de la líquida mirada de miel. Recordé bruscamente, como una cruda instantánea, aquella última noche. En realidad, era un camisón de raso blanco que acompañó con unas medias blancas sin ligero y unos zapatos del mismo rojo intenso que su boca. Y la recordé como un ángel, el ángel más carnal que haya existido, flotando sobre el desgastado skay del taburete entre el dulce vapor etílico, inconsciente de que aquella sería la última imagen que tendría de ella. Intenté enfocar el rostro de aquel tipo, pero no lo conseguía. Tenía que encontrar a aquel cerdo. Tenía que saber quien le había hecho eso a aquello y hacerle pagar por su monstruosidad. Me obsesione con esa idea. En el fondo, sabía que yo era el único culpable de su muerte, por haberla dejado ir, y eso me torturaba. Cada noche buscaba camorra, una buena bronca que hiciera sangrar mis puños y mi boca, que hiciera mi estomago arder y que me dolieran tanto los huesos que no pudiera pensar en nada más que no fuera ese dolor, que consiguieran hacerme olvidar ese mohín rojo y esa mirada ambarina. Algunas veces, tumbaba a tipos más grandes que yo, armarios a los que no les importaba ensuciarse las manos con mi bilis. Pero, cuando alguien no tiene nada que perder, es muy difícil obtener de él una derrota, y yo, francamente, ya había perdido lo único que quería tener, así que un labio partido y unos cuantos dientes menos carecían de valor en mi extraña mano de poker. En cada golpe buscaba la respuesta, en cada puñetazo necesitaba que otro puño me aplastará la cara y una patada me destrozará el hígado, que me castigaran por lo que había hecho. Al final, cada vez era más difícil encontrar un buen motivo Esas noches, en las que no encontraba expiación a mi pecado, rozaba el purgatorio ebrio de whisky, hasta donde me fiaran, sin conseguir nublar el sentido ni borrar de mi garganta el amargo sabor de la culpa. En sus ojos, en la mirada con la que cada noche caía borracho en cualquier callejón, ahí encontraba la única paz posible para mi infierno. Pero eran breves instantes en los que el alcohol y el cansancio me ganaban por un rato y entre orines infectos y mugre de ciudad, resbalaba hasta notar el asfalto golpear contra mis huesos. Necesitaba golpes. Golpes que sacudieran su maldita ausencia, que abrieran mi cerebro y escarbaran hasta sacarla de allí. El bueno de Hank, un holandés nada errante dueño del tugurio donde cada noche ahogaba mis deudas en brazos de un Bourbon, me dijo que así no iba bien, que tenía que hacer algo con mi vida.
Ya lo estoy haciendo – le dije- la estoy tirando al mismo vertedero donde encontraron a Ámbar, ahí es donde debería estar yo.
He estado con muchas mujeres desde entonces, algunas putas y
Si yo he podido superar mi timidez, tú también! Así que escribe algo, que sepa que has venido, que pueda alegrarme de tu visita (y de paso alimentar un poco de ese ego que se supone he de tener). Que escribas he dicho. Sin protestar. Andando. Gracias por estar aquí, en silencio o no. De verdad.
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